
Roma con amigas, una idea espectacular: clima perfecto, menos turistas y unas vistas únicas. Caminamos tanto que Google Maps acabó pidiéndonos perdón y nuestros pies entraron oficialmente en modo ruina romana.
Roma nos enseñó mucho de historia, arte y arquitectura, pero sobre todo nos dejó claro que la gastronomía italiana no se disfruta con moderación. Volvimos más sabias, más unidas… y con la clara sospecha de que gran parte del presupuesto se fue en pasta, pizza y helado. Y sinceramente, cero arrepentimientos.

No vimos todo lo que queríamos, nos perdimos más de lo necesario y gastamos más de lo previsto, pero volvimos con anécdotas infinitas, una galería llena de fotos casi idénticas y la certeza de que Roma se disfruta más cuando vas bien acompañada… aunque sea discutiendo por quién eligió el restaurante.

Conclusión: Roma y amigas, es la combinación perfecta para desconectar.